Vuelta a Malvinas: Los centinelas de la patria

A los pocos minutos de salir de Terrazas del Portezuelo, el jueves pasado, Juan Carlos Garro y Daniel Silva comenzaron a conversar, estaban sentados de modo casual uno al lado del otro en el colectivo que los trasladaba hasta Capital Federal. Volvían a Malvinas.

En la conversación ocasional surge una pregunta en común “te veo cara conocida, ¿vos donde estuviste?” consultó Daniel a Juan, las canas de uno o las arrugas del otro, no les permitió reconocer los rostros de quienes habían compartido el combate en el mismo Regimiento de Infantería N° 8 en Bahía Fox.

Aquel día compartieron la alegría del reencuentro, días después, cuando llegaron a Darwin volvieron a compartir otro reencuentro, uno que venían a buscar. Juan Aurich, aquel amigo con el que compartieron el combate, seguía custodiando el suelo malvinense.

Primero en soledad, luego en el abrazo, los dos vertieron su llanto sobre el cementerio argentino. “Tardé mucho tiempo en darme cuenta que estaba muerto, con él compartía la trinchera, era un tipo bárbaro” cuenta Juan Carlos cuando logra reponerse de la angustia que solo pueden generar aquellas lágrimas que esperaron demasiado para ser derramadas.

El sentimiento de Daniel, cuando habla de los compañeros de batalla que quedaron en Darwin, es muy hondo y sentido. “Acá nos identificamos todos, son nuestros verdaderos héroes, son nuestros centinelas en estas tierras”.

La alegría y el llanto conviven entre quienes se reconocen, entre quienes a su modo pudieron continuar con sus vidas. Los dos coinciden con el sentimiento en Darwin “muy contentos después de encontrarnos 30 años después”, la frase en común deja paso a una reflexión de Garro con la que Silva coincide. “Hemos encontrado la tumba de nuestro compañero y amigo, nunca pudimos aceptar que había muerto. Hoy después de tantos años, nos damos cuenta de la realidad, él se quedó acá y nosotros, por algo de Dios, tuvimos la suerte de volver”.

El viento sobre Darwin acaricia suavemente las tumbas de nuestros muertos, la inusual calidez del mediodía malvinense permitió realizar en paz el homenaje personal que cada uno de ellos necesitaba realizar.

A veces, la casualidad se pone de acuerdo con el destino, quizás lo hace para dar una mano a quienes necesitan cicatrizar una herida que se aloja en el corazón. Nunca pensaron estos veteranos que 33 años después iban a estar caminando juntos por el cementerio en Darwin, rindiendo homenaje a su compañero caído. “Siempre los recordamos , cada día de mi vida los recuerdo a todos, cuando juraron la bandera, la juraron hasta perder la vida y cumplieron, cumplieron con la jura de la bandera, ellos están aquí” se despide entre lágrimas Daniel Silva.

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Nota: Diego Masci.

Fotografía y edición: Marcelo Lacerda.

Fuente: ANSL

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