Villa Mercedes: Le dieron 18 años de cárcel por un homicidio y por intentar otro

También fue acusado por un robo. A su cómplice en ese hecho le dieron seis meses prisión.

Miguel Alejandro Díaz y Rodrigo Maximiliano Rodríguez pasaron por el mismo proceso las últimas tres semanas. Los dos tenían su libertad en juego frente a la Cámara Penal 2 de Villa Mercedes. Aunque uno estaba más complicado que el otro. Ambos estaban acusados de asaltar y de abusar a una mujer en la calle. Pero Rodríguez cargaba, además, con otros dos delitos todavía más graves: intentar matar a un joven a cuchilladas y asesinar a un vecino a puñaladas. Los jueces consideraron que el robo existió, pero no el abuso. Por eso condenaron, por un lado, a Díaz a medio año de prisión en suspenso, lo que quiere decir que cumplirá su condena en libertad, y sentenció a 18 años de prisión al otro acusado.

Tampoco llegaron al juicio oral en las mismas condiciones. Díaz, de 27 años, afrontó el procesamiento en libertad y Rodríguez, de 37, en la Penitenciaría de San Luis. Luego de escuchar el veredicto los dos se fundieron en un abrazo. El más joven, el que podía salir de la sala como un hombre libre, no sabía cómo consolar al otro condenado. Él, al que le esperaba una larga estadía en el penal, estaba bañado en lágrimas.

El delito en común por el que fueron juzgados ocurrió hace seis años y la víctima fue Mariela Martínez. Según denunció en su momento, la mujer fue atacada en la esquina de Santa Fe y General Paz por dos delincuentes. Le sustrajeron la cartera y, luego, abusaron de ella.

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Durante los alegatos del jueves, el fiscal Ernesto Lutens dijo respecto a esos delitos que “el robo y el sometimiento que configuran el abuso sexual existieron de parte de los dos acusados”. Para él, el asalto quedó acreditado, al igual que “el elevado nivel de violencia sufrido por la víctima”. Por eso pidió para Díaz tres años y seis meses de prisión.

El representante de Rodríguez, el defensor oficial Víctor Endeiza, alegó que faltaban elementos para determinar la culpabilidad del hombre. Remarcó también que el relato de la víctima fue contradictorio y que, en todo caso, su defendido debía ser condenado por “robo simple”, ya que él reconoció haberle arrebatado la cartera a la mujer.

El abogado de Díaz, Raúl Bernardis, dijo que su cliente ni siquiera fue parte del hecho por el que lo juzgaban. A su manera de ver, hubo “una valoración ligera” de las pruebas y la rueda de reconocimiento no fue relevante. Señaló que la acusación no hallaba sostén respecto al sometimiento de la víctima. Para él, el informe psicológico y psiquiátrico de la denunciante deja entrever que Martínez pudo incurrir en “alguna teatralización o manipulación de los hechos y pruebas”. Por último, el letrado le pidió al tribunal que, al momento de decidir una sentencia, valorara el hecho de que su cliente no tiene antecedentes penales y las condiciones socioeconómicas y de vulnerabilidad en las que vive; y requirió su absolución.

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Sobre Rodríguez, además, pesaba una acusación por acuchillar en diferentes partes del cuerpo a un joven, en 2014, y también por matar de cuatro puñaladas a Ricardo Alejandro Galván, en enero de 2015. La víctima y el acusado vivían en la misma pensión, en Vicente Dupuy 467. Aunque no eran amigos, una noche se juntaron a tomar vino, y fue la última de uno de ellos.

Según las averiguaciones, Galván acusó a su vecino de ser el amante de su pareja. Ahí empezó una discusión que terminó con el cuerpo inerte del hombre de 36 años, tendido en la vereda de su domicilio, en el barrio Rafael Origone.

Por el intento de homicidio y el asesinato el fiscal había solicitado que a Rodríguez lo condenaran a 22 años de prisión. El defensor, por su lado, argumentó respecto del primer delito que existió una provocación y un clima de disputa “que fueron incitados por un tercero”, además de que las lesiones no fueron graves. Y, sobre el crimen, dijo que la pelea se dio en medio de un estado de intoxicación de ambos lados. Por eso Endeiza solicitó que su representado fuera, a lo sumo, condenado por lesiones porque, en realidad, Rodríguez no quería matar a Galván.

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