Villa Mercedes: “La Policía estuvo metida”

La mujer dijo que el acusado, solo, no pudo matar a los chicos, sino que existe un efectivo al que el juez habría protegido.

Ayer Fabiola Maldonado se sentó frente a los jueces de la Cámara Penal 2 de Villa Mercedes. La presidente del tribunal le pidió que contara todo lo que ella supiera, en concreto, sobre el homicidio de su sobrino Gastón Horacio Bustos y su novia Julieta Anahí Barroso, ocurrido el 10 de junio de 2016, por el que está acusado Mario César Lucero. La mujer lo hizo. Pero sus datos sobre lo que pudo haber sucedido la noche que asesinaron a los jóvenes difiere mucho de la investigación que llevó adelante la Justicia. “A nadie le cabe en la cabeza que Mario los haya matado él solo (…) Ahí estuvo metida la Policía, porque la noche que mi sobrino desapareció estuvo con el acusado, con otros dos y con un policía”, dijo la testigo, para quien el nexo entre quienes estaban en ese grupo era uno solo: la venta de drogas.

Maldonado fue la última de las cuatros personas que declararon ayer, en el tercer día de audiencia. Los dos primeros fueron hombres que oficiaron de testigos en el allanamiento que los investigadores hicieron en el campo donde era empleado el acusado, en las inmediaciones del barrio La Ribera. Luego declaró un perito de la Policía Científica que examinó las armas incautadas, las vainas y las esquirlas halladas en ese procedimiento y en otro hecho en la casa del dueño de la quinta.

La tía de Gastón comenzó narrando cómo y cuándo se enteró de que su sobrino y su novia estaban muertos. Los jóvenes salieron del domicilio de la madre del chico, donde vivían, en La Ribera, como tantas otras veces, la noche del miércoles 8 de junio del año en cuestión.

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Al día siguiente la testigo habló con su hermana. La vio preocupada. No sabía nada de su hijo ni de su novia. “Ella notaba raro que los chicos no le hayan avisado a donde iban, porque ellos siempre le decían”, recordó. Le resultó extraño que ni siquiera hubieran llamado. Aun así no se alarmaron del todo. “Es como que esperábamos que volvieran”, dijo.

Tres días después, la mañana del domingo 12, en Villa Mercedes circulaba la noticia de que habían encontrado dos cuerpos calcinados a orillas de la ruta 2b, cinco kilómetros al sur de La Ribera. Más tarde la Policía se comunicó con su cuñado para que fuera a la comisaría a reconocer la moto que habían hallado, para que les dijeran si era la de su hijo. Entonces ahí, cuando fue a la seccional, Maldonado supo que los cadáveres hallados eran los de Julieta y Gastón.

Para la mujer, Lucero es solo uno de los que asesinaron a la pareja. “Cuando pasó todo esto yo tomé coraje. Quería saber qué pasó realmente con los chicos. Entonces vine a hablar con el juez”, relató. Así, contó, se cruzó con un tal Romero y un tal Jora, otros de los testigos que declararán en el juicio.

Según ella, esos jóvenes le dijeron que la noche del miércoles 8 ellos y Lucero fueron en camioneta a lo de Gastón, a buscarlo. “Después fuimos a comprar droga, alita de mosca. De ahí nos fuimos a mi casa. Juli lo llamaba al Gastón para que fuera a comer y él le decía a Mario ‘llevame porque me está llamando la Juli’, se lo dijo dos o tres veces, pero Mario no quería llevarlo. Quedaron en ir a buscar a Juli y volver. Después de que se fueron lo llamamos al Mario y ya no atendió más el celular”, le habría contado Jora a Maldonado.

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La mujer le comunicó todo eso al juez instructor Leandro Estrada y hasta le llevó una copia de una conversación que había tenido con Romero, aseguró. “Yo –siguió la mujer– le dije: ‘mire, yo quiero que usted vea esto y que me diga qué significa esta conversación. Acá Romero está diciendo que los chicos no estaban solos, que Lucero no estaba solo’. Y ahí fue cuando el juez se me enojó”, porque, según Maldonado, uno de los que estaba con las víctimas esa noche es policía.

“El juez Leandro me dice: ‘este policía es íntimo amigo mío’. ‘Pero no se enoje’, le dije yo, si le estaba acercando pruebas era porque quería saber qué pasó con los chicos”, afirmó. Fue ahí cuando, según ella, Estrada le aseguró: “Sí, pero yo te puedo meter presa a vos”.

Después de esa vez, el magistrado no volvió a recibirla en su despacho. “Para mí, acá hay gato encerrado”, lanzó antes de terminar su declaración.

ED

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