A horas de asumir la presidencia, Cabrera suma un escándalo

Una de las trabajadoras damnificadas aseguró que Cabrera envió un “matón” a desalojar la oficina que utilizan los presidentes y que este hombre ejerció violencia contra ella y dos compañeras.

A horas de asumir como nuevo presidente del Concejo Deliberante, el edil Juan Domingo Cabrera fue protagonista de un escándalo. Una empleada del legislativo aseguró que Cabrera había enviado a un hombre llamado Alejandro, al que apodan “el Indio”, a “supervisar” el desalojo de la oficina del ex presidente, Roberto González Espíndola, y que en ese proceso, este hombre, maltrató psicológicamente a ella y a otras dos compañeras mientras estaban desocupando el despacho del primer piso.

“La oficina de presidencia es grande y tiene varias partes. Iba a ser desocupada en unos días”, manifestó la fuente. Aseguró que eso acordó González Espíndola con el mismo Cabrera. Dicen que cuando terminó la sesión preparatoria de la mañana del lunes, el ex presidente fue a hablar con Cabrera para entregarle las llaves de la oficina a la siesta, y él le dijo que no, que fuera al otro día para retirar tranquilos las cosas de sendos despachos. Incluso aseguraron que Cabrera le había ofrecido que se queden en la oficina de la presidencia, a lo que González Espíndola se negó.

A la tarde, la secretaria administrativa, Patricia Favier, esposa del presidente de Transpuntano y hermano del intendente Enrique Ponce, Carlos Ponce, llama a González Espíndola con un tono amenazante y le dijo que si no entregaba las llaves y retiraba sus cosas, iba a cambiar la cerradura con un escribano y a dejar constancia de haber incumplido con sus deberes. Ella le dio a entender que no le importaba lo que él había hablado con el presidente, que ella era la responsable patrimonial. Ahí decidió sacar sus cosas.

Contaron que González Espíndola llamó a Cabrera para decirle que no se deje manejar, que el presidente es él.

“Ayer a la tarde (por el lunes), al no haber sesión por falta de quórum, nos fuimos del Concejo. A las 18:40 nos mandó un mensaje de audio el ex presidente pidiéndonos que volvamos para entregar la oficina. Algunos compañeros ya estaban lejos, volvimos las que estábamos más cerca”, relató la fuente y continuó: “Al entrar estaba el concejal González Espíndola esperándonos en el patio. Subimos y un hombre nos pidió y nos sacó las llaves de la oficina de las manos. Le dijimos que teníamos las llaves de nuestras casas ahí también y las devolvió. Mandó a buscar un cerrajero. Cambió en el acto todas las cerraduras”.

Manifestaron que el hombre, que no trabajaba hasta el momento en el Concejo, se presentó como Alejandro alias “el Indio”. “Es pelado, tiene entre 40 y 45 años, delgado y morocho. Dijo que recibía órdenes del presidente Juan Domingo Cabrera. Entonces empezamos a sacar los miles de documentos y de papeles, a cerrar las sesiones de correo de trabajo y los archivos”, relató.

“Este hombre, Alejandro, todo el tiempo estaba atrás nuestro, hasta cuando guardábamos equipos de mate y carpetas personales. Cuando se fue el concejal, empezó a amenazarnos. Nos decía que se le hacía tarde y que éramos lentas; que iba a apagar la luz y a dejarnos ahí; que nos teníamos que ir o llamaba a la Policía para que nos saquen a patadas, ‘o las saco yo de los pelos, mal no les va a venir’”, contó.

“Nosotras tres, una en cada computadora, terminábamos de descargar archivos lo más rápido posible con un calor agobiante. Este señor ya había apagado el aire acondicionado y no permitía abrir las ventanas porque la orden era que nos fuéramos ya, que dejáramos como estaban nuestras cosas, que otro día ‘nos devolvían lo que quede’. Amenazó con golpearnos en forma de ‘broma’; nos dijo ‘ya las voy a encontrar en la calle o averiguar dónde viven’ y nos gritaba ‘dale, apurate’”, manifestó.

Dijo que terminaron cerca de las 21 y salieron para irse a sus casas. Pero en la calle, mientras estaban subiendo a sus autos para irse, “el hombre llamó a la Policía y empezó a gritarnos. Alejandro, alias ‘el Indio’, ejerció violencia psicológica todo el tiempo y encima cuando estábamos en la calle le decía a la Policía (que acaba de llegar en móviles y bicicletas como si fuera un megaoperativo) que nos paren para que nos tomen los datos y demos explicaciones. Ahí mismo había una nueva empleada de Cabrera y la hija, que también trabaja para él. Nos abucheaban como si hubiésemos hecho algo mal”.

Una sombra de maltratos y malas formas nubló las primeras horas del flamante presidente, que ya habría dejado mucho que desear como primer mandatario del Concejo Deliberante.