Casandra no tenía chances de sobrevivir, según dos forenses

Son los peritos que participaron en la autopsia. Dieron detalles de la lesión que le causó el disparo efectuado con una pistola.

No podía salvarse. Ayer (miércoles), dos de los médicos forenses que participaron de la autopsia a la cadete de Policía Casandra Anabel Fernández, baleada por un instructor durante un entrenamiento, coincidieron en que era muy poco probable que la chica pudiera sobrevivir tras la grave herida.

Los forenses Marcela Gómez y Luis Lucero Arienti coincidieron plenamente en sus testimonios. Recordaron que Casandra sobrevivió doce días y que en ese lapso fue intervenida quirúrgicamente.

El hecho en el cual la chica fue herida de muerte en la cabeza ocurrió el 14 de noviembre de 2012, en el cerro Retana, en las Sierras Centrales de San Luis, en la zona del Suyuque. El instructor, oficial principal Walter Rubén Miranda, está acusado por “Homicidio culposo” y enfrenta un pedido de la fiscal de instrucción de que lo condenen a cuatro años de prisión.

Casandra junto a sus compañeros de tercer año estaban con el instructor Miranda, entre otros, en el cerro ubicado a veinte kilómetros al norte de la ciudad de San Luis. Los estudiantes y los instructores habían llegado dos días antes, el lunes 12 de noviembre.

La última maniobra de práctica era el simulacro de custodia a una persona VIP (importante). Miranda, que había ido como instructor invitado, asumió el rol del agresor. Casandra hacía el papel de personaje a custodiar, rodeada por sus compañeros, que debían ejercitarse en las técnicas de protección.

Subido a una piedra, para quedar a un nivel más alto que la formación de cadetes, el policía sacó su pistola calibre 9 milímetros y le apuntó a la estudiante en la cabeza. Se suponía que el arma no debía estar cargada. Pero lo estaba.

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El forense Lucero Arienti, dijo que cuando le practicaron la autopsia a Casandra, el 27 de noviembre de 2012, comprobaron que presentaba un orificio de entrada de bala y otro de salida, en el cráneo. Indicó que el proyectil ingresó por el ojo derecho y salió a un centímetro delante de la oreja. Para él, el disparo fue efectuó desde una superficie más alta, lo que se corrobora con la versión de Miranda y de los testigos de que el tirador estaba en una posición más elevada que la de la estudiante.

Aseguró que la herida tomó forma ovalada dado que la bala ingresó de perfil. De derecha a izquierda y desde arriba hacia abajo. Al igual que Gómez, recordó que cuando la examinaron advirtieron que Casandra había sido sometida a intervenciones quirúrgicas, tenía una sutura en el cráneo y gasas.

Gómez dijo que la mujer tenía “ojos de mapache”. Estaban morados. Así habían quedado por la lesión que el disparo le generó en la base del cráneo. Los médicos indicaron que el cerebro de Casandra había sufrido una licuefacción. “No tenía forma, no se podían distinguir las regiones del cerebro y, además, había perdido masa encefálica”, dijo Lucero Arienti. Y aseguró que no observaron ningún tipo de infección en el resto del organismo, ni lesiones que indicaran algún otro signo de violencia.

Disparo a larga distancia

Durante la audiencia ambos también concordaron en que el disparo, en base a las teorías que ellos manejan, se produjo a larga distancia. Para ellos superó los 30 o 50 centímetros, pero les es imposible precisar la distancia exacta.

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Aquella noche que fue baleada, la joven fue socorrida primero por un paramédico que integraba el cuerpo de instructores y luego por otro que ascendió al cerro junto a una médica, a la madrugada.

El único helicóptero disponible en la provincia, el del Plan Nacional de Manejo del Fuego, recién pudo sobrevolar las sierras y depositarse sobre el Retana a las 6 de la mañana del jueves 15 de noviembre.

A esa hora la chica fue trasladada a la ciudad de San Luis y llevada al hospital. Allí murió 13 días después, el 27 de noviembre.

En la audiencia de ayer faltó un tercer testimonio, el de Alfredo Samper Battini, otro de los médicos forenses que participaron de la autopsia. Se produjo un cuarto intermedio de 15 minutos para consultar si llegaría a declarar.

Esos minutos aprovecharon dos allegados de Miranda, autorizados por el personal policial, para acercarse al acusado y saludarlo. El instructor abrazó fuerte y cálidamente a uno de ellos, un hombre de no más de 30 años, al soltarlo se pudo ver que sus ojos cargaban lágrimas que evitó que cayeran.

Al ser consultado sobre si iría a declarar, Samper Battini contestó que no podía dado que estaba en reposo, por un problema de salud. Finalmente la Cámara del Crimen 1 dispuso suspender el juicio oral y público hasta que finalice la feria judicial de enero. Con lo cual, la tercera audiencia se llevará a cabo en los primeros días de febrero de 2019.

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