Alberto cerró en Córdoba y le pidió a Schiaretti sumarse después de las primarias

El candidato de Todos fue con Massa y sin Cristina a la provincia más hostil. El gobernador le prohibió ir a los intendentes, pero los gremios y militantes llenaron el Orfeo.

«He decidido firmar compromisos para que las provincias puedan crecer. Y estoy seguro que Córdoba en breve estará firmando ese acuerdo, para que también se integre a ese proyecto de país que queremos», vaticinó Alberto Fernández, desde el escenario del Orfeo de Córdoba, donde hizo su último intento por ganar terreno en la provincia que en 2015 le sirvió la presidencia a Mauricio Macri.

Su llamado a Juan Schiaretti para sumarse al pacto de Rosario fue además una chicana por haber llenado el Domo local pese a que los intendentes no fueron por presión del gobernador, molesto porque el acto era, en realidad, el cierre de la lista de diputados de Todos que compite con la suya, liderada por el jefe de sus legisladores, Carlos Gutiérrez. La capital está empapelada de gigantografías con instructivos para cortar boleta.

Provocador, Fernández confirmó el último lunes que se sumaría como orador final, chequeó en la semana el revuelo que se armaba en el peronismo local y, con su convocatoria, le sugirió a Schiaretti que si el domingo su lista no llega al piso de votos necesarios para repartir bancas los alcaldes le exigirán bajarla, como ya hizo en 2011, y volver a la liga de los gobernadores por la puerta grande.

Schiaretti logró que los intendentes no fueron al acto, pero muchos enviaron su militancia y lo presionarían para que baje la lista de diputados si no hace una buena elección.

Los alcaldes enviaron su tropa para dejar huella y sumarla a los multitudinarias columnas gremiales y de organizaciones sociales que desde temprano atacaron, con una marea humana, el puente que comunica a la entrada principal del estadio techado.

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También había familias y jóvenes militantes y, en menor medida, pecheras de la La Cámpora. Banderas, colectivos, choripanes, la escena peronista con la que en la Rosada aman polarizar, pero para el gobernador anfitrión fueron motivo de preocupación. «Estamos moviendo multitudes y ayer Macri sólo dejaba entrar a dirigentes que tenían pulserita», era la broma repetida entre la militancia, por las noticias sobre el férreo operativo de seguridad que hubo en el acto del presidente.

Alberto viajó al mediodía en camioneta desde Rosario, con Felipe Solá y sin Cristina Kirchner, como cada vez que pisó Córdoba, y maniobró para esquivar a la prensa: apareció recién a las 16 horas en el hotel Holiday Inn, lindero al Orfeo, y salió por una puerta trasera para eludir la guardia fotográfica y aceptar sólo algunas fotos con señoras kirchneristas. «Su cierre fue ayer, hoy viene acompañar», lo justificaban en su equipo.

En el hall lo aguardaban Sergio Massa, Diego Bossio y los asesores full time de la campaña: Víctor Santamaría, Fernando «Chino» Navarro, Miguel Cuberos y el vocero Juan Pablo Biondi, amigos de Alberto y embarcados en su aventura presidencial desde el día cero.

Massa tuvo agenda propia. Llegó antes del mediodía para reunirse con los líderes sindicales que iban a copar el acto unas horas más tarde, habló con los medios locales y supervisó cada movimiento de Alberto, quien lo considera clave para dar la pelea cordobesa y hasta le dejó poner un candidato a diputado: Pablo Chacón.

Es que en 2015 el tigrense obtuvo más votos que Daniel Scioli en la provincia del cuarteto y su misión es que ese electorado vote el frente de Cristina e ignore los ruegos de Macri sobre la vuelta el peor de los pasados. Massistas y algún cambiemista desencantado son la porción de Córdoba a la que Alberto les habló desde el escenario.

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«Les propongo a todos los cordobeses que piensen cómo estaban en 2015, hace cuatro años atrás. Vamos a darle a Córdoba el lugar que se merece y vamos a hacer el país federal que todos soñamos, con Córdoba de pie», intentó seducirlos.

Y volvió a hablar de economía, un deleite de sus asesores que no estaban muy convencidos de poder enredar al Gobierno en una discusión financiera, pero Alberto lo hizo. «Creyeron que era un problema monetario. Desde ese día dijeron ‘vamos a sacar la plata de los bancos para que no la presten’. Y ahí tenemos, miles de millones de dólares gastados en intereses de Lebacs primero y Leliqs después».

«Piensan que bajando el consumo bajan la demanda y los precios van a bajar. Llevan cuatro años haciendo lo mismo, y multiplicaron por dos la inflación. No tuvieron en cuenta la estructura económica de la Argentina. Si el consumo se cae, cae la producción, el empleo y ahí tienen el resultado, 4 millones y medio de pobres nuevos», enumeró. Y se ganó los aplausos del peronismo cordobés. De la parte que le robó a Schiaretti.