Matemáticamente que necesita Macri para llegar a segunda vuelta

«Quimera: sueño o ilusión que es producto de la imaginación y que se anhela o se persigue pese a ser muy improbable que se realice”.

Los resultados de las PASO de agosto dejaron instalada la sensación de que el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández prácticamente ganó las elecciones presidenciales de octubre. Pero el Gobierno intenta transmitir por distintos canales el mensaje de que va a dar la pelea para lograr la reelección de Mauricio Macri y que, además, las matemáticas le permiten acariciar ese sueño.

Funcionarios -en forma extraoficial- y “usuarios afines al macrismo” en las redes sociales repiten el discurso de que para Juntos por el Cambio la elección no está perdida. Y los alquimistas del fenómeno electoral hacen cuentas voluntariosas para sostener contra cualquiera que se los niegue que el partido no terminó.

En las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias de agosto, el candidato del kirchnerista Frente de Todos, Alberto Fernández, obtuvo 12.205.938 votos, mientras que el actual presidente Mauricio Macri logró 8.121.689 sufragios.

En las elecciones PASO participaron 25.861.050 votantes y hubo 25.543.041 votos válidos (incluyendo los votos en blanco) de los que 24.660.382 fueron votos positivos (es decir, que votaron a algún candidato a presidente).

Así, Alberto Fernández logró el 47,79% de los votos válidos frente al 31,80% de Mauricio Macri. Pero la diferencia se extiende hasta el 49,50% frente al 32,93% si se tienen en cuenta sólo los votos positivos, que son los que se tomarán en cuenta en la elección de octubre para definir si hay ganador en primera vuelta (el primero debe superar el 45% o quedar encima del 40% con más de 10 puntos porcentuales sobre el segundo) o hay ballottage (cualquier diferencia siempre que no se cumplan los dos puntos anteriores).

Objetivo M: que Alberto no llegue al 45% y que Macri supere el 35%
El primer desafío que tiene el Gobierno para alcanzar el ballottage es que Alberto Fernández no supere el 45% que lo consagraría presidente electo sin necesidad de disputar la segunda vuelta.

Una opción sería que el candidato del Frente de Todos logre muchos menos votos que en las PASO. Otra posibilidad -a la que apuntan las fórmulas matemáticas que hace trascender el macrismo- es reconocer que seguramente logre esos votos y tal vez un poco más, pero ampliar la base de comparación (los votos positivos) de modo que esos sufragios representen menos del 45%.

Suponiendo que el Gobierno alcance esa meta, le queda por delante otro desafío: necesita ampliar el caudal de votos de Macri para que quede a menos de 10 puntos porcentuales del ex jefe de Gabinete.

Si Alberto Fernández obtuviese la misma cantidad de votos que en las PASO, harían falta 27.124.307 votos positivos para que quede con menos del 45%. Y Macri debería sacar al menos 9.493.508 votos para que la diferencia sea menor a 10 puntos.

Más allá de la probabilidad de ocurrencia, ¿es posible una segunda vuelta si Alberto Fernández no pierde votos? ¿Qué precisa matemáticamente el Gobierno para lograrlo?

La base 2015
En las presidenciales de 2015 votaron 26 millones de personas, el 81,07% de los 32,13 millones de electores que podían hacerlo. Y hubo casi 25,2 millones de votos positivos en la categoría principal (el 96,68% del total de votos).

El padrón de las recientes PASO tenía 33.841.837 electores. En 2011 y 2015, el padrón se amplió de las PASO a las generales un 0,2%, con lo que a priori se puede estimar el padrón de las elecciones de octubre en 33.908.546 electores (el padrón definitivo estará el 27 de septiembre).

Si los porcentajes de participación y votos positivos de 2015 se repitieran exactos con esta proyección del padrón para octubre, eso implicaría un total de 27,49 millones de votos de los que 26,58 millones serían votos positivos. Con esos guarismos, los votos que Alberto Fernández obtuvo en las PASO representarían el 45,93%. Al Gobierno no le alcanza.

Para llegar al ballottage con ese nivel de participación -suponiendo que Alberto Fernández no sume ni reste votos con respecto a las PASO-, el Gobierno precisaría que el voto en blanco y nulo sea como máximo del 1,33% (el más bajo desde el regreso de la democracia). Y, además necesita que Macri supere el 35%, para lo cual tendría que sumar al menos 1.371.819 votos, lo que, en este supuesto, equivale más de 8 de cada 10 de los votos que se sumarían con respecto a las primarias de agosto.

Cálculos voluntariosos
Algunos funcionarios deslizan el siguiente argumento: “En las elecciones de octubre de 2015 votó un 10% más de gente que en las PASO de ese año. Si ahora pasa lo mismo y Alberto Fernández suma muy poco de esos ‘nuevos’ votantes, quedaría por debajo del 45%. La mayor parte de esos sufragios irían a Macri, que también sumaría algunos votos que en las PASO fueron a (Roberto) Lavagna, (Juan José) Gómez Centurión y (José Luis) Espert. Así, llegarían parejos al ballottage”.

Con ese discurso como estandarte, el macrismo viene realizando exhaustivas tareas de investigación y profundizando el trabajo “en territorio” para lograr que vayan a votar los electores que no participaron en las PASO.

Es cierto que en 2015 votaron 24 millones de personas en las PASO y 26 millones en las elecciones generales. Es decir que, hace cuatro años, el número de votantes de octubre fue un 8,4% mayor que el de agosto.

Si, como sostiene el Gobierno, este año el número de votantes puede crecer un 10%, en octubre votarían casi 28,45 millones de personas, que representarían el 83,9% del padrón (contra el 81,07% que representaban los 26 millones que votaron en las elecciones presidenciales que terminaron llevando a Macri a la Casa Rosada). Si Juntos por el Cambio lo logra, será la elección con mayor participación desde la que ganó Carlos Menem en 1989.

La cuenta mágica
Tras esas complicadas carambolas, las optimistas cuentas oficiosas siguen así: Macri podría sumar 6 de cada 10 nuevos votos (alrededor de 1,5 millones en la versión que supone un 10% más de votantes y que implicaría apostar a un bajísimo voto en blanco), la mitad de los votos que sacó Lavagna en las PASO (otro millón), más de dos tercios de los que logró Gómez Centurión (otros 400.000) y casi la mitad de los de Espert (otros 250.000).

De lograr todo eso, el actual presidente conseguiría más de 3 millones de votos adicionales a los que los que logró en agosto, con lo que superaría los 11 millones, sobrepasaría el 40% de los votos positivos y quedaría menos de 5 puntos porcentuales por debajo de los de Alberto Fernández, que habría quedado al borde del 45%.

Y entonces sí, voilà: habría un ballottage al que los dos llegarían parejos.

Matemáticamente es posible. ¿Qué hace falta? Una participación electoral récord, que el voto blanco y nulo sea inéditamente bajo, que Alberto Fernández logre el apoyo del 20% o menos de los “nuevos votantes”, que el 60% de los que no votaron en las PASO y votarán en octubre se inclinen por la boleta del oficialismo y que más o menos la mitad de los votantes iniciales de Lavgana, Espert y Gómez Centurión se arrepientan y elijan a Macri en las presidenciales.