Por una Argentina más equitativa

El ministro de Educación, Nicolás Trotta, advirtió que “la Argentina va a ser más desigual en el corto plazo después de la pandemia” de coronavirus. “Lo que nos va a definir a como gobierno y como sociedad es qué hacemos para contener la desigualdad mientras transitamos la pandemia y qué vamos a hacer en el momento en que superemos este desafío, con fechas inciertas, para poder recuperar un proceso de desarrollo con equidad y justicia social”, remarcó al exponer en un panel de la Semana Social Virtual “Forjemos un mundo más equitativo”, organizada por Comisión Episcopal de Pastoral Social. “Los ministros de Educación estamos para desarrollar las políticas públicas que generen una educación transformadora, democratizante, para defender la escuela”, definió.

Bajo el lema “Nadie se salva solo”, el panel contó con la participación de la presidenta de Télam, Bernarda Llorente; la especialista en Educación Claudia Sanguinetti y el periodista Carlos Pagni, y fue moderado por el arzobispo de San Juan, Jorge Lozano. El encuentro se realiza tradicionalmente todos los años en la ciudad de Mar del Plata, pero esta vez -debido al aislamiento social por el coronavirus- se realiza íntegramente en forma remota.

“Estamos viviendo momentos absolutamente desafiantes” y al mismo tiempo “de angustia para la humanidad”, reflexionó el ministro en el comienzo de su intervención en el tercer panel del día. Luego de expresar su certeza de que tanto el mundo como la Argentina serán más desiguales luego de la pandemia, Trotta consideró que “la pandemia ha iluminado la desigualdad” y destacó que “en Argentina ya era muy compleja antes de la pandemia” porque “veníamos transitando, tres de los últimos cuatro años con profunda recesión, destrucción de empleo industrial, caída de la economía y crecimiento de la informalidad laboral, clara carta de presentación de lo que han sido los últimos cuatro años, y por otro lado crecimiento de la pobreza”. Frente a esa realidad, enfatizó la necesidad de “desplegar una conciencia colectiva” en la cual “el Estado cumple un rol rector”.

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El ministro advirtió sobre “la mercantilización de ciertos derechos” y “la necesidad de construir políticas de Estado”, y consideró que “en el campo de la educación lo pudimos hacer”. Citó como ejemplo que “hace quince años se empezaron a dar debates en el Congreso, donde nos expresamos en democracia, y se aprobaron leyes” como la Ley de Educación Nacional y la Ley de Financiamiento Educativo para priorizar la inversión en educación. “Porque el discurso se transforma en acción en el campo de las políticas públicas con los recursos”, recordó. Citó también como ejemplo la Ley de Educación Técnico Profesional tras la destrucción de la educación técnica en los ’90 y destacó que “no en vano entre 2015 y 2019 se destruyeron 160 mil puestos industriales”.

Otro de los aspectos que “iluminó la pandemia”, además de la desigualdad, es “la política que debe tener un Estado en todo lo que es el acceso a la conectividad educativa”, agregó el ministro. Recordó que entre 2010 y 2015, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, se lanzó “el plan Conectar Igualdad, que implicó en cinco años distribuir 5,3 millones de computadoras, con valor agregado de empleo en Argentina: generaron 7000 puestos de trabajo. A partir de 2016 se destruyeron porque lo poco que se compró en ese gobierno se importaba íntegramente”. Durante el gobierno de Cambiemos “sólo se adquirieron, se importaron en su totalidad, 800 mil computadoras”, contrastó. “Distinta sería la realidad hoy si esas computadoras estuviesen en los hogares de los sectores más vulnerables. Eso no quiere decir que hubiese resuelto la desigualdad, pero era una herramienta adicional”, reflexionó.

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El cierre estuvo a cargo del arzobispo Lozano. “Tenemos que ver cómo pensamos la sociedad de manera tal que nos incluya a todos”, planteó. “Tenemos el mismo origen, el mismo destino, sin embargo entre ambos lo transitamos por caminos muy distintos, con acceso a posibilidades de vida distintas”, destacó, y citó las “tres T” del papa Francisco (tierra, techo y trabajo) “como los tres ejes que necesitamos para una sociedad más justa y solidaria”. Luego lo recordó cuando se lo conocía como “cardenal Bergoglio”: “Si no hay esperanza para los pobres, no la habrá para nadie, tampoco para los ricos’, decía él. Trabajemos entonces por la esperanza de todo el mundo”, propuso Lozano.

 


Fuente: Página/12