El Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el organismo mantiene una tendencia ascendente en Argentina desde 1996. Logros relativos en las dimensiones de «salud» y «educación» compensaron en parte la variabilidad de la dimensión de «ingreso».

El desarrollo humano en la Argentina ha seguido una trayectoria en promedio moderadamente ascendente en los últimos 25 años, aunque con avances y retrocesos parciales, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) .

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) elaborado por el PNUD mantiene una tendencia ascendente en Argentina desde 1996, a pesar de un leve descenso en 2021 sobre los registros de 2016, a raíz de la caída del salario observada en ese período.

La representación del PNUD presentó el informe sobre el IDH que realiza de manera quinquenal en Argentina desde 1996, y que es desagregado por provincias desde 2002.

En las conclusiones del documento, los investigadores sostienen que el desarrollo humano en la Argentina ha seguido una trayectoria en promedio moderadamente ascendente en los últimos 25 años, aunque con avances y retrocesos parciales.

Logros relativos en las dimensiones de «salud» y «educación» compensaron en parte la variabilidad de la dimensión de «ingreso»; asimismo, dicha trayectoria no ha sido homogénea entre sus dimensiones, ni en su distribución entre las personas.

Si bien hubo una disminución en la desigualdad del desarrollo, esta volvió a incrementarse en la última década. Por ello, aunque su promedio de largo plazo haya sido positivo, es mejorable en muchos aspectos.

A nivel subnacional, el desarrollo humano también se dio de manera heterogénea y desigual tanto entre las jurisdicciones como dentro de ellas.

Lo que dice el informe

El Índice de Desarrollo Humano Ampliado permite identificar tres grupos; un grupo de mayor desarrollo (La Pampa, Río Negro, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires), un grupo de nivel intermedio e intermedio alto (Chubut, Córdoba, Santa Fe, Santa Cruz, Tierra del Fuego, Buenos Aires, Santa Fe, Neuquén, Entre Ríos, San Juan, La Rioja, Misiones, Santiago del Estero y Salta), y un grupo con un nivel más bajo (Formosa, Chaco, Corrientes, Tucumán y Catamarca).

A su vez, las estadísticas muestran que el desarrollo no sólo ha sido desigual a lo largo del país, sino que también su distribución ha sido inequitativa al interior de cada una de las jurisdicciones.

Indica, también, que hay una correlación entre desigualdad y nivel de desarrollo: las provincias con menores niveles son las que tienden a tener una mayor desigualdad.

En otras palabras, a medida que el desarrollo humano crece, la reducción porcentual debido a la desigualdad disminuye; y las desigualdades también se reproducen entre mujeres y varones al acceder de forma diferente a las dimensiones básicas del desarrollo humano.

La situación de las mujeres es más favorable en «salud» y «educación» tanto a nivel país como en todas las jurisdicciones, mientras que la de los varones es mejor en «ingreso»; esto se vincula, en parte, a la persistencia de la división sexual del trabajo.

El tiempo dispensado a tareas de cuidado y del hogar de las mujeres continúa siendo marcadamente más elevado que el de los varones, y lo contrario ocurre en el caso del trabajo remunerado, según el informe del PNUD.