Dos docentes rurales de la provincia de San Luis contaron su experiencia y la importancia del trabajo que se lleva adelante en los distintos parajes del interior, con estudiantes de diferentes edades.

Un 9 de noviembre de 1901 en Providencia, provincia de Santa Fe, nacía Ángela Peralta Pino, conocida como “La maestra caracol” por su peregrinar alfabetizando a hijos de los hacheros y peones rurales del norte santafesino. Su trabajo docente fue tan significativo que en su honor se instituyó la fecha de su nacimiento como el Día de la Maestra y el Maestro Rural.

En el marco de esta celebración, docentes rurales de la provincia de San Luis brindaron su testimonio con respecto a la tarea que diariamente llevan a cabo en distintos pueblos y parajes del territorio puntano, educando a niñas, niños y adolescentes de diferentes edades.

En 2018, el gobernador, Alberto Rodríguez Saá, impulsó la creación del nivel secundario rural generativo en muchos parajes de la provincia.  En ese sentido, la coordinadora del Circuito Generativo Rural N° 5, Emilia Escudero, hizo hincapié en la importancia de contar con acción y al respecto expresó: “Habitar la ruralidad es, para quienes tenemos la oportunidad de ejercer la docencia en la provincia, una gran responsabilidad para garantizar el derecho a la educación. El secundario generativo rural permite a cientos de jóvenes cumplir el sueño de la educación secundaria en sus comunidades, con sus familias, con sus amigos. Es poder tener las mismas experiencias que cualquier estudiante de la ciudad”.

“La escuela es un punto de encuentro y nos invita a diario a proyectar sueños y anhelos, no solamente de los jóvenes sino también los sueños que a diario queremos construir. Sueños tanto de ellos como de sus familias, con quienes trabajamos codo a codo para aportar a la construcción de un mañana mejor. Las risas, la innovación, el hecho de aprender juntos, todo eso nos interpela desde el derecho a la educación, respetando la gran diversidad del aula y apostando a esas diferencias que nos permiten crecer desde la solidaridad y el respeto para que nuestras comunidades sigan mejorando”, agregó Escudero.

Además, manifestó: “Estamos agradecidos de poder aprender desde esta experiencia, ya que no podríamos imaginarnos tener otro trabajo que no sea en la escuela, porque la escuela es un espacio posibilitador. Con el correr de los años, la familia generativa rural crece y no sería posible sin el gran equipo de Innovación Educativa, del equipo de Ruralidad, y sobre todo el Ministerio de Educación y nuestro gobernador”.

Por su parte, Mónica Garro, directora de la Escuela Nº 266 “José Facundo López” del paraje Santa Rosa, se refirió a su experiencia como docente rural y afirmó: “Hace cuatro años que estoy en esta institución, ya que anteriormente trabajé en el norte provincial. La ruralidad es apasionante y hermosa, es algo nuevo y desconocido. Cuando uno llega hay muchas expectativas, pero es una enseñanza, es un aprendizaje mutuo y da muchas satisfacciones. Hace 34 años que soy docente y este camino que emprendí en la escuela rural me encanta”.

“Aunque muchas veces pueda parecer un trabajo solitario, tenemos la compañía de nuestros colegas porque seguimos unidos. La unidad, la solidaridad, el cariño y el respeto mutuo que nos tenemos los colegas rurales es para destacar, porque a pesar de la distancia siempre estamos el uno para el otro. No quiero dejar de nombrar también a nuestros superiores, que siempre están atentos a todo lo que necesitamos y nos hacen sentir, en nuestro caso como personal único en la escuela, que siempre tenemos compañía”, agregó Garro.

Por último, contó: “Mi padre es puntano y yo nací en la provincia de Buenos Aires, donde estuve hasta los 17 años. Era muy humilde, vivíamos en una villa en La Matanza y siempre soñé con ser maestra. Al principio me costó pero pude cumplir mi sueño y entregarle a los niños, principalmente del ámbito rural, todo mi cariño y tratar de cubrir necesidades que ellos tengan, no solamente en lo educativo. Estoy muy feliz y agradecida de ser docente y tener la dicha de culminar mi carrera en el ámbito rural, ya que me quedan tres años para jubilarme. Considero que la educación es la herramienta para el cambio. Darle lo mejor a las niñas y los niños es la semilla de un futuro lleno de esperanza, donde los sueños se cumplen; y yo doy fe de eso”.