El Instituto Nacional de Estadística y Censos volvió a quedar bajo la lupa tras la publicación del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a septiembre, que mostró un incremento inesperado y vino acompañado por revisiones al alza de los meses previos. Las modificaciones, realizadas sin un detalle metodológico adicional, alteraron la lectura general del tercer trimestre y evitaron que la economía ingresara en lo que se considera recesión técnica.
El organismo informó que la actividad económica creció 0,5% en septiembre respecto de agosto, un resultado significativamente mejor que el proyectado por la mayoría de las consultoras, que anticipaban una variación negativa. Sin embargo, lo que generó mayor sorpresa fue la actualización de los valores de julio y agosto: ambos meses, inicialmente informados con registros apenas positivos o incluso levemente negativos, pasaron a mostrar subas más amplias.
Con los nuevos datos, el tercer trimestre cerró en terreno positivo, contrariamente a lo que estimaban los análisis privados, que esperaban un desempeño negativo debido a la inestabilidad política y financiera asociada al proceso electoral. Las consultoras señalaban que la combinación de caídas en el segundo trimestre y un retroceso en el tercero configuraba el escenario propio de una recesión técnica, algo que quedó desactivado con las revisiones divulgadas por el Indec.
Las modificaciones del EMAE se suman a las discusiones abiertas sobre otros indicadores sensibles, como inflación y pobreza, donde persisten cuestionamientos acerca de la falta de actualización de ciertas canastas de referencia. Diversas mediciones privadas que sí incorporan estos ajustes muestran valores superiores a los que reporta el organismo oficial. En los últimos meses, además, se produjeron renuncias dentro de las áreas encargadas de elaborar esos índices, lo que agregó más ruido en torno al funcionamiento interno del sistema estadístico.
La publicación de septiembre, lejos de despejar dudas, dejó instalada una nueva ronda de interrogantes sobre la consistencia de las estadísticas oficiales en un contexto económico ya de por sí marcado por la volatilidad y la desconfianza.

