A 31 años del adiós al Búfalo. Hace 31 años, el 11 de enero de 1992, el fútbol argentino perdió a uno de sus hijos más intensos: Juan Gilberto Funes, el “Búfalo” puntano que, con apenas 28 años, dejó una huella imborrable en la historia del deporte nacional. Su corazón, gigante dentro y fuera de la cancha, lo llevó a lo más alto… y también lo abandonó demasiado pronto, pero sigue latiendo en el recuerdo de su pueblo.
Nacido en San Luis, Funes se convirtió en un símbolo de River Plate en apenas un año mágico: entre 1986 y 1987, marcó cinco goles —cuatro de ellos en competencias internacionales— y fue pieza clave en las dos finales de la Copa Libertadores que el Millonario ganó ante América de Cali. Anotó en Colombia y selló el título en el Monumental. Poco después, levantó la Copa Intercontinental en Tokio frente al Steaua Bucarest, y cerró su ciclo continental con la Copa Interamericana en 1987. Aunque su paso por Núñez fue breve, su nombre quedó grabado entre los próceres del club.
Antes de llegar a River, su recorrido había sido humilde: Huracán de San Luis, Jorge Newbery, Estudiantes (ambos de su provincia natal), Gimnasia de Mendoza y un fugaz paso por Sarmiento de Junín. Su olfato goleador en el fútbol regional lo llevó a Colombia, donde explotó en Millonarios y captó la atención del fútbol grande.
Tras una difícil experiencia en Europa, volvió a Argentina para brillar en Vélez Sarsfield en 1989–90, donde anotó 12 goles en 25 partidos. Pero su sueño personal era otro: vestir la camiseta de Boca Juniors. Durante la pretemporada de 1990, entrenó con el Xeneize en Huerta Grande bajo la conducción de Carlos Aimar. El acuerdo estaba casi cerrado, pero un problema cardíaco detectado en Francia —donde había viajado tentado por una oferta del Niza— puso en jaque su futuro.

A pesar de todo, Boca lo presentó oficialmente el 13 de septiembre de 1990. Funes posó en la Bombonera con la azul y oro, generando una mezcla de emoción y preocupación. Incluso jugó un amistoso ante Banfield, pero su cuerpo ya no respondía. Tras un dolor torácico durante un entrenamiento, los médicos le dieron una pregunta imposible: “¿Usted qué prefiere, la vida o el fútbol?”.

Eligió vivir, pero su corazón, agrandado hasta casi triplicar su tamaño normal, no se lo permitió. Entre septiembre de 1991 y enero de 1992, fue sometido a cinco operaciones. La última, el 11 de enero de 1992, terminó con su vida en las primeras horas del domingo 12.
Hoy, tres décadas después, Juan Gilberto Funes sigue siendo recordado no solo como un ídolo de River, sino como el máximo referente futbolístico de San Luis, un hombre de fuerza, pasión y lealtad. Su historia trasciende clubes: es la de un jugador que soñó sin límites, que quiso unir bandos rivales con su talento y que, aunque su carrera fue corta, logró lo que muchos no alcanzan en toda una vida: hacer historia.

