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La conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT) dio por cerrado el conflicto parlamentario por la reforma laboral y descartó nuevas medidas de fuerza tras el paro general que calificó como “contundente”. En una reunión realizada en la sede de UPCN (con la sorpresiva presencia de Hugo Moyano) la mesa chica resolvió no convocar al Consejo Directivo y asumir como inevitable la aprobación definitiva del proyecto en el Senado.

En lugar de profundizar la confrontación callejera, la central obrera concentrará su estrategia en el plano judicial. El próximo lunes movilizará a Tribunales para acompañar las impugnaciones que presentará contra artículos de la reforma. La convocatoria estará limitada a dirigentes y delegados, sin paro ni cese de actividades.

La decisión generó tensiones internas. Sectores como la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la federación aceitera, las CTA y la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) (agrupados en el FreSU) ratificaron que sostendrán la movilización frente al Congreso. Desde esos espacios cuestionan la estrategia cegetista y advierten que continuarán en la calle, incluso con un esquema de federalización del conflicto.

El escenario sindical queda así dividido entre una CGT que prioriza el litigio estratégico y sectores que reclaman profundizar la protesta. La reforma laboral, con media sanción y alta probabilidad de aprobación final, se convierte en un punto de inflexión para el movimiento obrero organizado.

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